jueves, 1 de septiembre de 2022

El niño que enloqueció de amor (Eduardo Barrios)

 
Esta pequeña gran novela es una de las obras más reconocidas de la literatura chilena del siglo XX. Fue publicada en 1915 y agotó la primera edición en menos de dos semanas, alcanzando rápida popularidad y consagrando a su autor. Desde entonces no ha dejado de reeditarse y leerse; es lectura obligatoria en muchas escuelas chilenas.
En su momento El niño que enloqueció de amor suscitó un cierto escándalo por la osadía de su argumento, aunque recibió el aprecio y elogio de los poetas. Gabriela Mistral fue una de sus grandes admiradoras; tras su lectura inició una amistad epistolar con el autor, al que acabó llamando "hermano Eduardo".

Resumen
La obra está escrita como el diario de vida de un niño anónimo. Comienza relatando su admiración y cariño hacia Carlos Romeral, amigo de su madre viuda, quien le cuenta de su diario. El niño decide entonces llevar un diario de vida para hablar de Angélica, joven amiga de su madre por la que siente un amor apasionado y obsesivo. Angélica, por supuesto, nunca es consciente del alcance de tal amor, y por lo mismo desata la ira y desesperación del niño cuando empieza a verse con un hombre llamado Jorge. La tragedia se concreta en una comida en casa de Angélica, donde es besada por Jorge ante la vista del celoso niño.

El niño protagonista es un personaje doloroso y conmovedor, miembro de una familia disfuncional: Su padre está muerto, su madre no lo comprende, su abuela lo desprecia y sus hermanos no lo quieren. La madre y la abuela discuten respecto a la crianza del niño sin llegar a ponerse de acuerdo; los hermanos se burlan de él. Esto lo lleva a un aislamiento donde puede ahondar en fantasías sobre Angélica, acrecentando su pasión y minando su salud física y emocional. 
La única persona que parece preocuparse razonablemente por él es Carlos Romeral. El autor nunca lo dice de forma directa, sin embargo lo expone con bastante claridad: Carlos Romeral tuvo un amorío con la joven viuda; él es el verdadero padre del niño. Pero Carlos está casado y aunque se preocupa por su hijo, no puede dedicarle tanto tiempo como quisiera. El niño, ignorante de su condición de bastardo, siente la frialdad y el silencio circundante, y se refugia en su amor desesperado que lo llevará a la locura y la muerte. 

El niño que enloqueció de amor es una novela dolorosa, delicada, elegante y desgarradora. Su prosa fina y poética destila un romanticismo dulce y devastador; la ilusión y tristeza emanada de sus páginas no deja indiferente. Sentí la soledad e impotencia del niño ante aquel sentimiento prematuro e imposible de apartar o sobrellevar. Me impactó el horror de su final. Lloré las veces que la leí.


Fragmentos

Sobre Carlos Romeral:
''Es el hombre más inteligente que conozco. Como que cuando él habla, todos le escuchan y le encuentran razón. Yo, sobre todo, le encuentro razón siempre. Dice cosas que uno siente. No se habrá fijado uno mucho en esas cosas, pero las ha sentido y son la pura verdad. Esta noche me ha dicho que a la oración, junto con las golondrinas, pasan volando las campanadas de la iglesia. Y es cierto, pasan volando.''

Sobre la abuela:
''Por eso dice mi abuela (…) que me tiene lástima. Más le tengo yo a ella, que tiene las manos llenas de venas y la cara color tierra seca y los labios blancos y los dientes amarillos, y que ni siquiera sabe tocar el piano como mi mamá, y no hace sino pelear con los sirvientes.''

Sobre Jorge:
''Se llama Jorge; y es buenmozo; pero muy cargante, el tipo. Ese  modo de decir «señorita Angélica». ¡Imbécil! A ella no le gusta, creo yo. Y cómo le va a gustar, también, con esa cabeza chica y esos ojos redondos y ese bigote como escobilla de dientes... No, no es feo... Pero no le gusta, porque yo se lo pregunté y ella me dijo que no. ¿Y para qué me iba a engañar?, vamos a ver.''


''Los atardeceres son todos melancólicos en los cuartos de los enfermos; pero mi memoria conserva el de aquella estancia, como una llaga en carne viva, siempre irritada y sangrante. Una insufrible congoja me oprime aún al recordar la penumbra en que todos nos desdibujábamos como espectros, la ventanita en alto por donde se veía un trozo de cielo azul gris y asomaba de rato en roto un volantín silencioso, la lívida pincelada del lecho sobre el cual erguíase borroso el busto del loquito que hablaba sin cesar, borboteando un monólogo exasperante.''


Elogio poético de Daniel de la Vega

Muchacho de  ojos grandes y profundos, 
que entre las brumas de tu amanecer, 
con los primeros sueños vagabundos 
ya sentiste pasar una mujer... 

En esta tarde mansa y evangélica 
el alma ya está loca de soñar... 
Hay un recuerdo pálido de Angélica 
y un deseo tan hondo de llorar... 

Es una de esas tardes que tú viste. 
Pronto el crepúsculo se abatirá. 
Tú estás conmigo, dulcemente triste, 
y Angélica parece que se va... 

Tarde, campanas, pena y armonía, 
ternura de una cosa que pasó, 
silenciosa y fugaz melancolía 
de lo que pudo hablarse y no se habló… 

Mansa melancolía indefinible 
que en el alma dormida despertó 
la callada visión de la Imposible 
que pasó a nuestro lado y no nos vio... 

¿Alguien se fue?... De la ilusión difunta 
despierta una inquietud, un no sé qué; 
y aunque nadie responde a la pregunta, 
bien sabe el corazón que alguien se fue.


Lo mejor: El maravilloso estilo y lenguaje poético. 
Lo peor: Siempre he creído que si el amigo de Carlos hubiera mostrado el diario al encontrarlo, el niño podría haberse salvado. Me molesta un poco que no pasara. 
Conclusión: Lectura imprescindible de la narrativa chilena y una de las obras más bellas y tristes que he leído jamás. La recomiendo a los románticos. 

jueves, 11 de agosto de 2022

Un año de blog



El blog cumple un año y es el momento perfecto para detenerme a pensar en el por qué de su creación y mantenimiento. 
No es un blog nacido por capricho. Lo cree luego de años de planificación. Deseaba poseer un lugar donde comentar mis intereses y descubrimientos literarios. 
Me costó iniciarlo porque no sabía muy bien como hacerlo. Hay tantas páginas sobre literatura. No deseaba que la mía fuera una más; no quería escribir de lo mismo que las otras. ¿Qué podría escribir yo sobre las grandes obras literarias que no se haya escrito antes y mucho mejor? Así que decidí hablar de libros no muy comentados. O al menos esa fue mi intención inicial.
Con el tiempo mis ideas e intenciones han ido cambiando, aunque una permanece: Continuar con el blog. No sé por cuanto tiempo más, pero por todo el que sea posible.
Desde marzo del presente año llevar el blog se ha convertido en una verdadera hazaña. En ese mes quedé sin PC, teniendo desde entonces que editar y publicar desde un teléfono celular. No me resulta fácil ni agradable. Incluso es desesperante. No sé bien si las fotografias están ubicadas correctamente y con el tamaño justo. Y soy una persona demasiado detallista.
Escribir en este blog me ayuda a pulir mi redacción y lenguaje. Además me ha permitido conocer otros blogs maravillosos no sólo de literatura, ampliando mis intereses. 
Mirando hacia atrás, no puedo elegir una publicación que valore más. Todas las hice con gusto e interés. Quizá la dedicada a Las crónicas vampíricas sea la más pulida; y la de títulos llamativos en la ciencia ficción la más personal. De los cuentos publicados mi favorito es Treinta días tenía septiembre.
¿Qué más puedo decir? Agradezco a las dos personas que se han convertido en seguidores del blog; saber que alguien lee lo que uno escribe anima a continuar haciéndolo. Y lo hago. 


jueves, 4 de agosto de 2022

8 canciones de John Foxx



Hace ya tiempo que deseaba subir algunas letras de canciones, y decidí comenzar con unas de mi cantante favorito, el multiartista inglés John Foxx, precursor absoluto del synthpop británico.
Las letras de John Foxx nos transportan a un futuro ballardiano de ciudades frías y asépticas; automóviles abandonados, en llamas o sin conductor; personas solitarias aferradas a la sombra de un vago recuerdo en un mundo duro y cruel; cuerpos cambiando a agua o luz. Ciencia ficción y emotividad con una sencillez que esconde entre líneas más de lo imaginable. Así, por ejemplo, en Europe after the rain creemos estar oyendo la historia de una pareja que recorre las calles nocturnas, pero obviamos que todo ocurre tras una guerra atómica; la lluvia mencionada no es de agua ni el brillo es sinónimo de resplandor poetico; en realidad, los enamorados (o amigos, porque no se especifica) podrían estar deformados o al menos heridos por efecto de la radiación. 
John Foxx es considerado uno de los mejores letristas de la música británica. Entender sus líneas e ideas no es fácil si se desconoce su trayectoria artística, así que invito a conocerlo mejor. 


Los hombres tranquilos
(The quiet men)

Esperando, esperábamos
mientras el tráfico avanzaba a través de nuestros corazones y cabezas;
pero las cosas eran diferentes entonces
para los hombres tranquilos.

Cambiando, las cosas cambiaban;
a través de paredes y pasillos, 
no había paredes en absoluto
para los amigos tranquilos
de los hombres tranquilos.

Primavera, el sol
atravesaba los cristales de las ventanas; 
allá abajo los caminos ingleses
donde volvieron a caminar
los hombres tranquilos.

Hablando, hablaban
de los tiempos venideros 
y de todo el tiempo que se ha ido,
y sonrieron otra vez
los hombres tranquilos.

Escuchando, escuchaban
como la temporada cambiaba
y las razones cambiaban,
y la gente iba y venía
junto a los hombres tranquilos.

Caminando, caminaban
a través de los días lluviosos 
mirando todas las caras;
pero nadie se fijaba en ellos,
los hombres tranquilos.



Hiroshima mi amor
(Hiroshima mon amour)

De alguna manera nos alejamos demasiado
comunicándonos como estrellas lejanas,
voces astilladas por el teléfono,
el polvo iluminado por el sol, el olor a rosas fluyendo;
alguien espera detrás de la puerta.
Hiroshima, mi amor.

Montando trenes interurbanos,
vestido en gris europeo,
cabalgando a la playa del eco,
un millón de recuerdos en los árboles y las arenas, oh no;
¿cómo dejarlos ir?
Hiroshima, mi amor.

Reuniéndonos bajo el lago de otoño
donde sólo penetran los ecos,
caminando a través de polaroids del pasado,
características fusionadas como vidrio roto, 
el sol está tan bajo,
convierte nuestras siluetas en oro.
Hiroshima, mi amor.



Por un momento
(Just for a moment)

Conversando por la ventana mientras la luz se desvanece,
oí mi voz quebrarse por un momento.
Conversando por la ventana mientras la luz se desvanece,
sentí el piso cambiar a un océano.

Nunca nos iremos de aquí, nunca,
nos quedaremos aquí para siempre,
y cuando las calles estén silenciosas
saldremos a caminar en el silencio.

Escuchando el movimiento que hace la noche,
dejé la habitación desvanecerse por un momento.
Sentado en las sombras que hacen las hojas,
sentí el piso cambiar a un océano.

Escuchando la música que las máquinas hacen,
dejé mi corazón romperse por un momento.
Escuchando la música que las máquinas hacen,
sentí el piso cambiar a un océano.



Plaza

En la plaza
bailamos despacio, iluminados como fotografías.
Cruzando la plaza
hacia la sombra del cenotafio.

Por escaleras mecánicas llegando a la vista del mar,
detrás de los cristales ahumados nadie te ve.
Una figura familiar viene a reunirse contigo,
recuerdo tu cara
de algún parabrisas destrozado.

Frente a la plaza
una acumulación gigantesca de coches italianos.
Frente a la Plaza
el salón está ocupado por seminarios.

Desde la plaza
la curva de autopistas sobre los embalses.
En la plaza
una fila se forma para el cine.



Europa después de la lluvia 
(Europe after the rain)

Es tiempo de volver a caminar,
es tiempo de abrirnos camino
a través de las fuentes de las plazas 
y las columnatas.

Tu vestido destella,
tu voz oculta cosas
cuando dices 
que apenas he cambiado.

En Europa 
después de la lluvia,
cuando las noches son cálidas 
y el verano se balancea. 

Las vidrieras guardan ecos,
los balcones tienen flores,
y las voces vuelan
en un viento refulgente. 

tu rostro resplandece,
tu sonrisa brilla
cuando digo
que apenas has cambiado.

En Europa
después de la lluvia,
cuando las noches son cálidas
y el verano se balancea.




Tu vestido
(Your dress)

Ponte tu vestido;
ahora puedo verte.
En la habitación el antiguo océano 
se mueve y fluye.
Hay una quietud y un brillo, 
un ímpetu y un resplandor interior, 
un destello… 
y cada movimiento que hacemos,
y cada paso que damos,
es una nueva incógnita.

Ponte el vestido;
ahora me pongo el traje.
Mira, no logras verme en absoluto.
Puedo atravesar cualquier multitud 
y mi sombra y yo
simplemente nos disolvemos.  

Pero siempre hay una luz secreta 
y puedo encontrar 
alguna señal privada,
una música oculta que permanece 
y sigue sonando incluso cuando la ciudad 
se repliega en sí misma por la noche.

Estrellas que arden lentamente 
caen por tus hombros.
No hay prisa,
sabes que siempre me dejas sin aliento.
Apaga la luz, 
ahora podemos ver más claro que nunca.
Creo que estamos a la deriva en el borde del mundo,
te vuelves y sonríes 
y no queda nada.



Estabas ahí
(You were there)

Estabas ahí
cuando miré tus fotos en la noche.
Estabas ahí
cuando me dormí y desperté en la luz.
Y cuando se llenaron las calles,
y se detuvo mi corazón
y pregunté la hora a alguien,
estabas ahí.

(Sé que estabas ahí).

Y estabas ahí
cuando me detuve a contemplar
los árboles silenciosos.
Estabas ahí,
y pensé que eras alguien más.
Y cuando rugió el tráfico
y mi corazón se aceleró
de modo que apenas podía respirar.

Estabas ahí 
cuando me detuve y miré 
desde muchos años atrás.
Debes haber sonreído cuando atravesé 
los lugares que conociste, 
y cuando me rendí
y ya no llegaron cartas
y no quedó rastro de nada.



Siempre verde
(Evergreen)

Existe un lugar que conocimos una vez
no muy lejos de estas calles,
y aunque The Grove ya no existe,
todos sus árboles altos y silenciosos
siguen en pie
y se balancean
y parecen…

Lejanos,
siempre verdes,
ignorados y nunca vistos.
Siempre amados,
siempre perdidos,
nunca encontrados pero siempre soñados.
Por siempre verde.

Así que sin importar donde vaya,
siempre regreso 
a este lugar con la esperanza
de un vistazo o huella
que la luz rota de alguna manera pudiera revelar.
Dicen que siempre cambia
pero no aquí.

Así que mientras te busco
y quizás tú me busques a mí,
a través del deslumbre y del ruido,
del encanto y el destello,
recuerdo la forma en que
tus ojos parecían siempre…

Lejanos,
siempre verdes,
ignorados y nunca vistos.
Siempre amados,
siempre perdidos,
nunca encontrados, pero siempre soñados.
Siempre cambiantes, siempre nuevos,
siempre inquietos, siempre verdaderos.
El oro más profundo, el azul más profundo,
Siempre añorados y siempre verdaderos.
Siempre verde.



Traducción: Elisabeth/Isabel Veidt.

jueves, 21 de julio de 2022

Cuentos de vampiros del siglo XIX


Cuando se piensa en vampiros del siglo XIX, es natural que Drácula sea el primero en acudir a la mente. Algunos quizá piensen en Lord Ruthven y Carmilla; otros pocos en Clarimonda y los vurdalak; nadie en Ariadna y Vespertilia; todos en Drácula.
La novela Drácula es un clásico imperecedero, y su protagonista es el vampiro por antonomasia. Publicada originalmente en 1897, la obra posesionó a la sedienta criatura en el pináculo del horror, donde se mantuvo hasta mediados del siglo XX como uno de los monstruos arquetípicos de la cultura moderna. Películas como Nosferatu (1922) y Vampyr (1932), dirigidas respectivamente por los maestros Friedrich Wilhelm Murnau y Carl Theodor Dreyer, plasmaron con acierto y elegancia el horror y la oscuridad del vampiro. El cine y la literatura posterior no fueron tan amables, y el vampiro dejó de ser un monstruo astuto y cruel para degenerar en vulgar galán abrumado por la no-vida. Cimas de esta tendencia son la serie de novelas de Anne Rice Las crónicas vampíricas, publicadas entre 1976 y 2018, y la edulcorada película de Francis Ford Coppola Drácula de Bram Stoker, estrenada en 1992. 
Ya en el siglo XXI la degradación del personaje se hizo irreversible con la aparición de varias series de novelas que lo usaron como tropo para historias de malsanos amoríos adolescentes. La serie de Crepúsculo de Stephanie Meyer es la mayor representante de esta idea, seguida de cerca por la menos popular, aunque más interesante, Vampire academy de Richelle Mead. 
Hoy el vampiro carece de muchas, demasiadas, de las características que Bram Stoker presentó en su novela como inherentes a él. El propio Drácula ha sufrido una transformación increíble, aunque, gracias a la novela, el conde transilvano posee un prestigio a prueba de malas adaptaciones. 

Orígenes del subgénero  
John William Polidori
Hasta finales del siglo XVIII los vampiros habían aparecido principalmente en reportes y tratados sobre la inhumación de cadáveres sospechosos da vampirismo; también se insinuaron en algunos poemas. Estas obras alcanzaron tal popularidad que fue inevitable que en el siglo XIX el vampiro se convirtiera en protagonista de varios relatos de ficción. Drácula es la obra literaria más famosa e importante del subgénero vampiros, pero en ningún caso la primera. En realidad la novela fue la culminación de una serie de relatos que, a lo largo del siglo XIX, fueron componiendo la imagen del vampiro moderno.
El inglés John William Polidori tiene el honor de ser el fundador del subgénero terrorífico de "relatos de vampiros". Su espléndido cuento El vampiro se encuadra dentro del romanticismo, pero trasciende a este movimiento. Se trata de una historia rompedora donde el vampiro deja de ser la criatura bestial y repulsiva del folklore, para transformarse en un aristócrata hermoso, elegante y seductor. La obra impactó a la sociedad de la época e inspiró otros relatos de vampiros, culminando en la novela Drácula.

Obras principales
La mayoría de los relatos primigenios de vampiros son cuentos. De la vasta producción dedicada al no vivo, cinco obras se consideran clásicos que todo aficionado al tema debiera conocer y apreciar. Son cuentos largos que se han publicado en diversas antologías de terror, siendo así difícil que un auténtico seguidor del subgénero los desconozca. A continuación, en orden cronológico.

1) El vampiro 
(John William Polidori, 1819).
Aubrey, un joven huérfano de tendencias románticas, idealiza al apuesto aristócrata Lord Ruthven y realiza un viaje con él. Al descubrir que su amigo es un cruel juerguista y seductor, Aubrey rompe la relación y parte a Grecia, donde se enamora de la joven Ianthe. Ella le habla de los vampiros, pero él se niega a creer en estos aunque comienza a sospechar que Lord Ruthven podría ser uno. Poco después Ianthe muere atacada por un vampiro. 



2) Deja a los muertos en paz 
(Ernst Raupach, 1823). 
El caballero medieval Walter no logra superar la pérdida de Brunhilda, su primera esposa, incluso habiéndose casado con la hermosa y dulce Swanhilda. Tras largas súplicas, Walter consigue que un hechicero devuelva la vida a Brunhilda y la lleva a su castillo luego de expulsar a Swanhilda. Pero Brunhilda regresó convertida en una vampira, y tras beber la sangre de todos los jóvenes del territorio, va por la de Walter.



3) La muerta enamorada 
(Théophile Gautier, 1836). 
El joven sacerdote Romualdo se enamora de la bella cortesana Clarimonda, quien muere tras una orgía y regresa de la tumba para estar con él. Durante tres años Romualdo vive una vida doble; de día es sacerdote y de noche es el amante de Clarimonda. Al enfermar, Clarimonda descubre que sólo la sangre humana puede mantener su existencia. 



4) La familia del vurdalak 
(Alexei Tolstoi, 1839).
El viajero Urfé se hospeda en casa de una humilde familia que aguarda el regreso de Gorcha, el abuelo. Este vuelve convertido en un vurdalak, un tipo de vampiro que se alimenta de su propia familia, y comienza a acecharlos. Al mismo tiempo Urfé se enamora de Sdenka, la hermosa hija de Gorcha, aunque se ve obligado a continuar su viaje. Tiempo después Urfé regresa al pueblo y se entera de que toda la familia fue vampirizada, excepto Sdenka, que al parecer enloqueció. 



5) Carmilla 
(Joseph Thomas Sheridan Le Fanu, 1872).
Laura y su padre hospedan en su castillo a la joven Carmilla, quien se enamora de ella. Laura desarrolla sentimientos contrarios hacia Carmilla, cuya actitud y palabras la desconciertan. Pronto comienza a padecer extrañas y horribles pesadillas de carácter sensual, y su salud declina. Su padre, preocupado por su deterioro, la hace revisar por un médico y este sospecha que la joven está siendo víctima de un vampiro. Poco después un amigo de la familia lo confirma. 



Otros relatos
En la actualidad, muchos viejos cuentos de vampiros están siendo redescubiertos y publicados en formato virtual. Esto ha permitido la lectura de historias de otra manera inaccesibles; sin embargo, entre lo bueno se ha colado bastante basura desechable, puesto que algunas personas bienintencionadas suben a la Red cualquier cosa que esté acompañada de la palabra "vampiro". Fantasmas, necrófilos y criaturas inclasificables han sido tildados de vampiros. También seres hematófagos de aspecto monstruoso, y ladrones de energía vital.
No he podido acceder a tantos de esos relatos como quisiera, mas de los que he leido, recomiendo los siguientes.

El extraño 
(Karl von Wachsmann, 1844).
De camino a tomar posesión de su castillo, el caballero Fahnenberg y su familia son atacados por una manada de lobos hambrientos, y un desconocido se interpone y espanta a la jauría. Días después la familia visita las ruinas del castillo de Klatka. Allí vuelven a encontrar al desconocido, un hombre hosco y mordaz al que invitan a visitarles. El extraño se vuelve un visitante habitual de los Fahnenberg, aunque sólo Franziska, la hija del caballero, parece simpatizar con él. Poco después la joven enferma y tiene pesadillas donde su dormitorio se llena de niebla. El Conde Woislaw, prometido de la sobrina del caballero, llega al castillo y reconoce en la enfermedad de Franziska los síntomas del ataque de un vampiro. 



La dama pálida 
(Alexandre Dumas, 1849).
Durante su viaje a un monasterio, la noble polaca Edwige es asaltada por unos bandidos liderados por Kostaki, miembro de la nobleza. Gregoriska, hermano de Kostaki, interviene para evitar que Edwige sea violentada. La joven es llevada al castillo de la familia y ambos hermanos se enamoran de ella, que prefiere a Gregoriska por sobre el violento Kostaki. Edwige y Gregoriska deciden fugarse, pero la muerte violenta de Kostaki cambia sus planes. Convertida en un habitante más del castillo, Edwige comienza a ser víctima de la sed de un vampiro. 



La tumba de Ethelind Fionguala 
(Julian Hawthorne, 1883).
En un viaje a Irlanda, Ken oye la historia de Ethelind Fionguala, quien el día de su boda fue secuestrada por un grupo de vampiros. Por la noche Ken se pierde, y una misteriosa joven que vaga entre las tumbas le ayuda a encontrar el camino. Ken le regala un anillo y la joven desaparece cuando él pisa la vieja tumba de Ethelind. Después, caminando por la aldea, Ken se encuentra frente a la casa de Ethelind



Manor 
(Karl Heinrich Ulrichs, 1884).
El muchacho Har es rescatado del mar por el joven marinero Manor. Ambos se enamoran y visitan, pero Manor muere ahogado en un naufragio y vuelve como vampiro para alimentarse de la sangre de Har. 



El misterio de la campiña 
(Anne Crawford von Rabe, 1887).
El joven pintor Martino Detaille ayuda a su amigo, el músico Marcello Souvestre, a buscar una residencia que le inspire a escribir una ópera. Marcello se decide por una ruinosa mansión y se traslada a ella, donde acaba enclaustrándose. Tras visitar la mansión, Martino cae enfermo víctima de una friebre delirante y comienza a afirmar que Marcello está muerto. Sus amigos Robert Sutton y Magnin cuidan de él y hacen averiguaciones respecto al estado de Marcello, descubriendo que se ha enredado con una desconocida. Martino empeora y durante una crisis el espectro de Marcello entra en la habitación. 



Thanatopía 
(Rubén Darío, 1893).
James Leen, hijo de un padre tiránico y cruel, es presa de la melancolía y el nerviosismo. A los veinte años su padre lo lleva de regreso a Londres para presentarle a su madrastra, quien parece ser algo diferente a lo esperado.



La historia verdadera de un vampiro 
(Eric Stenbock, 1894).
Convertida en una anciana tenida por loca, Carmela cuenta como un guapo vampiro destruyó a su familia al seducir y matar a Gabriel, su adorado hermano. 



La buena Lady Ducayne 
(Mary Elizabeth Braddon, 1896).
Bella Rolleston entra al servicio de Lady Ducayne, una anciana de salud quebradiza. Al principio Bella está conforme con su trabajo; Lady Ducayne es amable y paga bien, sin embargo la saludable joven empieza a perder la vitalidad, y descubre en su cuerpo marcas que atribuye a picaduras de mosquitos. 



La tumba de Sarah 
(F. G. Loring, 1897).
Los trabajos de restauración en la zona próxima a una vieja iglesia obligan a mover la tumba de la condesa Sarah, acusada de brujería y vampirismo y estrangulada en 1600. Durante su traslado la tumba se abre y los trabajadores descubren el cuerpo casi intacto de Sarah. Los trabajos se demoran y la tumba permanece insepulta; mientras, comienzan a manifestarse signos de la cercanía de vampiros. 



La doncella vampiro 
(Hume Nisbet, 1900).
Un joven artista decide pasar una temporada en una casa rural de los páramos ingleses. Ya instalado, el joven se enamora de Ariadna, la hermosa hija de su casera, quien ejerce un poder electrizante sobre sus sentidos. 


Cada uno de estos cuentos pone su piedra en la elaboración del mito del vampiro. 
Agrupé todos los relatos en un PDF; es una buena manera de tener a mano los cuentos que deseo leer. Recomiendo hacer lo mismo.
Esta entrada irá siendo actualizada a medida que encuentre más cuentos interesantes de vampiros del siglo XIX.